Apóstol Santiago: Historia y Leyenda

Santiago de Zebedeo o Jacobo de Zebedeo fue, según diversos textos neotestamentarios (Evangelios sinópticos, Hechos de los Apóstoles), uno de los apóstoles más destacados de Jesús de Nazaret. Se lo conoce como Santiago el Mayor, apodo recibido para distinguirlo de otro miembro del grupo de los doce discípulos, Santiago el Menor. Hijo de Zebedeo y Salomé, y hermano de Juan.

Perteneció al “circulo de los dilectos” de Jesús que estuvo con él en ocasiones especiales como en la resurrección de la hija de Jairo, en la transfiguración, y en el huerto de Getsemaní, donde Jesús se retiró a orar en agonía ante la perspectiva de su pasión y muerte. También fue testigo de las apariciones de Jesús resucitado y de la pesca milagrosa en el mar de Tiberíades. Sin duda, Santiago el Mayor fue y es considerado como uno de los máximos exponentes de la primera comunidad cristiana, junto con Simón Pedro y Juan.

Cuentan las historias basadas en su vida, que, en los primeros años de la cristiandad, a él le fueron adjudicadas las tierras españolas para predicar el Evangelio, y que en esta tarea llegó hasta la desembocadura del río Ulla. Según esta leyenda Santiago solo convirtió a siete personas en toda España, los siete de Zaragoza, y dado el poco éxito de su misión regresó a Jerusalén dejando en España a dos de los nueve discípulos para que siguieran evangelizando a los hispanos.

A su vuelta en Jerusalén un mago llamado Hemógenes envió a su discípulo preferido, Fileto, a donde el apóstol se hallaba predicando, para que tanto él, como un grupo de fariseos que le acompañaban y sobre los cuales ejercía el cargo de jefe, tratasen de convencer a los judíos de que todo lo que Santiago les predicaba era falso.

Pero Santiago, a base de argumentos y de muchos milagros presenciados convenció a Fileto ante numeroso público de que cuanto enseñaba era verdadero. Fileto entonces regresó junto a su maestro Hermógenes y le contó detalladamente los prodigios de los cuales había sido testigo.

Fileto manifestó que cuanto el apóstol decía era verdad, y además él mismo estaba dispuesto a aceptar su doctrina. Al oír esto Hemógenes, indignado y recurriendo a sus artes mágicas, inmovilizó a Fileto de tal modo que, por más que éste lo intentaba, no lograba mover ninguno de los miembros de su cuerpo.

Santiago liberó a Fileto de su parálisis con un simple pañuelo y hasta consiguió convencer a Hemógenes, que se convirtió en uno de los más fieles seguidores de Santiago, cambiando sus oscuros libros de magia por seguir al apóstol.

Tal fue la reacción de los judíos ante la conversión de Hemógenes que apresaron a Santiago y lo llevaron ante el rey Herodes Agripa quien lo condenó a muerte. Pero Santiago iba haciendo milagros incluso mientras caminaba hacia el lugar en el que iban a degollarlo.  Está escrito que la degollación de Santiago ocurrió un 25 de marzo entre los años 40 y 44 de nuestra era, en fecha similar a la de la anunciación y encarnación de Jesús. Y un 25 de julio, cuatro meses más tarde, fue trasladado a Galicia.

Tras la prohibición de que fuese enterrado, sus discípulos, en secreto, trasladaron el cuerpo durante la noche hasta la orilla del mar, donde encontraron una barca preparada para navegar, pero sin tripulación. Allí depositaron en un sepulcro de mármol el cuerpo del apóstol que llegaría tras la travesía marítima, remontando el río Ulla hasta el puerto romano, en la costa Gallega, de Iria Flavia, la capital de la Galicia romana. Allí enterraron su cuerpo en uncompostum o cementerio en el cercano bosque de Liberum Donum, donde levantaron un altar sobre el arca de mármol.

Las persecuciones y prohibiciones de visitar el lugar eran constantes, por lo que era de esperarse que la existencia del mismo se olvidara, hasta que en el año 813. El eremita Pelayo fue guiado por estrellas hasta llegar a un lugar donde oyó cánticos, y pudo observar un resplandor que no sólo lo iluminaba a él, sino lo que había a pocos pasos de él: una tumba de mármol. En base a este suceso se llamaría al lugar Campus Stellae, o Campo de la Estrella, de donde derivaría al actual nombre de Compostela.

Pelayo contó la noticia a cuántos encontró en su camino, alborozado. No tardó en llegar la historia al obispo de la diócesis, el cual se hizo presente en el lugar de los hechos para ver la tumba, ya con cierta fama milagrosa. El obispo llegó, vio y anunció: es nada menos que la tumba de Santiago apóstol. Y la noticia corrió como un reguero de pólvora por los caminos españoles hasta que le fue comunicada al rey Alfonso II, quien no tardó en proclamar, emocionado, a Santiago santo patrono de España.

Cuenta la historia que, pese a la situación política, los soldados se veían inspirados en defender sus tierras y era notable sentir la presencia de Santiago entre ellos. Dándoles seguridad y confianza. Una vez que la noticia del descubrimiento de la tumba del apóstol circuló por España, empezó a conocerla también el resto de la cristiandad y eso propició las peregrinaciones y se inició la historia del Camino de Santiago.

Las personas eran movidas a hacer la peregrinación al inicio de los tiempos, para ser perdonados los peores pecados que se puedan cometer, consiguiendo el perdón, tras un milagro, para adquirir las fuerzas y magia que podría transmitir un santo o movidos por el fuerte mito que representa el Camino hacia la tumba del Apóstol.

Hoy en día, personas de todas partes del mundo, emprenden la aventura por razones muy diversas, alejadas incluso de la religión y enfocada más en la espiritualidad; la gran mayoría de los peregrinos pueden contar alguna anécdota inexplicable ocurrida mientras recorrían el Camino de Santiago. Haciendo palpable que algo místico pasa mientras se van superando las etapas.

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